Bienvenidos a Leganés

Tengo que encontrar aquella foto en la que mi hermana Ana y yo posábamos con un sombrero vaquero, encima de un caballo y un bambi, ambos de peluche, en mis primeras fiestas de Leganés. No teníamos 10 años entre las dos y hace de esto más de 40 años. Todo el mundo dice que es difícil tener una memoria nítida de lo que pasa antes de los 5 años, pero recuerdo perfectamente aquel bambi azul marino, negro en la foto, que tenía largas orejas y con el que yo no estaba del todo de acuerdo, ya que no correspondía exactamente a la imagen de amazona que yo quería tener. Mi hermana tuvo más suerte y su caballo negro, algo más bajito, iba perfectamente en armonía con el sombrero y las pistolas que el fotógrafo nos colocó. Ese es mi primer recuerdo de Leganés, mi primera conciencia cierta de esta ciudad, que entonces tenía 20.000 habitantes y unas fiestas divertidísimas, caballos de peluche incluidos.

He querido comenzar esta anónima bitácora con una genuina primera imagen leganense de mi memoria. Uno de los protagonistas me falta desde 1990, papá, mi querido papá. En aquellas fiestas le recuerdo como un hombre joven y fuerte que podía cogernos en sus brazos y llevarnos a hombros. También recuerdo que me convenció de que el bambi era la montura más original que una niña podía tener. Sé que puedes verme, allí donde estés. Y tenías razón, un bambi de peluche es mucho mejor que un caballo bajito.