Mi amigo Emilio

Emilio, un día lejano de alegríaCuando llegué a la oficina, en enero de 2008, descubrí a Emilio. Hoy es mi amigo, un amigo grande. Emilio tuvo polio en su infancia, un caso muy grave que ha terminado comprometiendo su movilidad. Es un detalle menor, porque su silla y él son ágiles y alegres. Mi amigo tiene un ideal y por él ha luchado sin escatimar, rebuscando en sus fuerzas y en sus conocimientos, entregando su tiempo desinteresadamente. Es un verdadero defensor de pleitos pobres, de causas perdidas y de asuntos de esos que todo el mundo quiere evitar. Algún día, Emilio, algún día… verás como tu sueño se cumple.



Ha llegado la hora de volver al “blog”

Lo sugerido es lo que mejor se percibe

Lo sugerido es lo que mejor se percibe

He tardado tiempo en decidir volver a escribir. Mi decisión tiene que ver con una amistad que ha cambiado de rumbo y un mundo, el de mi dedicación actual, que en cierta forma se desmorona, aunque creo que nunca ha dejado de dar señales de inestabilidad con graves desprendimientos.

He estado muy ocupada intentando hacer bien todas las cosas y creo que no ha funcionado. Siempre he tenido confianza en mi capacidad pero he valorado poco el efecto lastre de algunas circunstancias. Hoy veo más que nunca que no se puede exigir la perfección a un universo que nace arraigado en profundas imperfecciones.

En definitiva, con mucha ilusión, ya que siempre he sabido encontrar gasolina para mis motores, contaré qué cosas pasan por mi mente, y me entusiasma aún más que sean volátiles como este medio, sin copia en mi disco duro, libres y espontáneas, justo lo que cada vez es más difícil encontrar.



Bienvenidos a Leganés

Tengo que encontrar aquella foto en la que mi hermana Ana y yo posábamos con un sombrero vaquero, encima de un caballo y un bambi, ambos de peluche, en mis primeras fiestas de Leganés. No teníamos 10 años entre las dos y hace de esto más de 40 años. Todo el mundo dice que es difícil tener una memoria nítida de lo que pasa antes de los 5 años, pero recuerdo perfectamente aquel bambi azul marino, negro en la foto, que tenía largas orejas y con el que yo no estaba del todo de acuerdo, ya que no correspondía exactamente a la imagen de amazona que yo quería tener. Mi hermana tuvo más suerte y su caballo negro, algo más bajito, iba perfectamente en armonía con el sombrero y las pistolas que el fotógrafo nos colocó. Ese es mi primer recuerdo de Leganés, mi primera conciencia cierta de esta ciudad, que entonces tenía 20.000 habitantes y unas fiestas divertidísimas, caballos de peluche incluidos.

He querido comenzar esta anónima bitácora con una genuina primera imagen leganense de mi memoria. Uno de los protagonistas me falta desde 1990, papá, mi querido papá. En aquellas fiestas le recuerdo como un hombre joven y fuerte que podía cogernos en sus brazos y llevarnos a hombros. También recuerdo que me convenció de que el bambi era la montura más original que una niña podía tener. Sé que puedes verme, allí donde estés. Y tenías razón, un bambi de peluche es mucho mejor que un caballo bajito.